Tomada de la edición impresa del Sábado, 03 Diciembre 2011

Al rescate de las leyendas quiteñas

Leyendas urbanas quiteñas fueron representadas por los jóvenes estudiantes

Al rescate de las  leyendas quiteñas
Foto: Miguel Jimñenez
Con mucha emoción y entusiasmo los estudiantes de estas escuelas realizaron sus presentaciones.

Paola López / Quito

 

Nervios, palabras de ánimos, maquillaje regado y trajes de antaño inundaron los vestidores improvisados durante el Concurso de Teatro Infantil de leyendas tradicionales de Quito, en cuya final, que se efectuó ayer en el Quicentro sur, participaron seis instituciones educativas. Toreros, soles y diablos corrían por el reducido espacio mientras repasaban sus parlamentos.

“Yo represento al dios Sol”, dijo orgulloso Carlos Morocho, de 10 años. Él es estudiante de la escuela Jim Irwing que llegó hasta la final con la obra “El Yavirac”, que relata la historia de un niño que tiene un encuentro con una anciana inca. “Estoy feliz de vivir esta experiencia y de representar a un dios ancestral. Para mí es importante recordar a nuestros antepasados porque es una forma de reconocer lo que hicieron ellos por nosotros. Además, es una forma de conocer la historia de la ciudad”, comentó Carlos.

Lidia Proaño, maestra de la escuela Jim Irwing, expresó que se sentía orgullosa de los 12 pequeños que participaron en la obra. “Nosotros decidimos hacer una historia que tenga elementos ancestrales porque consideramos importante que nuestros niños conozcan que antes de la conquista hubo otra historia. Para hacer la obra practicamos durante dos semanas y ahora estamos muy felices de estar en la final”, manifestó Proaño.

Pedro Sánchez, de 10 años, es estudiante de la escuela Giovanni Pascoli y tenía el papel de narrador. “Entre todos estamos nerviosos porque como ya estamos en la final es un gran paso. También felices porque nuestros profesores y nuestros papás nos ayudaron para llegar hasta este punto. Hoy vamos a dar lo mejor para estar entre los primeros lugares”, dijo Pedro.

Él era uno de los pequeños que intentaba animar a sus compañeros. “No te olvides que hemos practicado mucho”, le decía a una de sus amigas del elenco que estaba nerviosa.

Los niños de las seis escuelas que llegaron a la final del concurso no paraban de jugar de revisar sus vestuarios. Los más llamativos eran los diablos de la historia de Cantuña, que fue representada por la Concentración Deportiva de Pichincha. Slendy Molina, de 11 años, formó parte de este elenco.

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