Tomada de la edición impresa del Lunes, 02 Mayo 2011

MUJERES sobresalen en trabajos que antes hacían solo los hombres

Muchas madres han logrado superarse profesionalmente gracias al apoyo de sus esposos, quienes las ayudan hasta en el cuidado de sus hijos

MUJERES sobresalen en trabajos que antes hacían  solo los hombres

Redacción / Guayaquil

Shirley Cabrera Almeida / Guayaquil

 

Hace algunos años se pensaba que la mujer solo servía para hacer los quehaceres domésticos y criar a los hijos, pues no tenían la oportunidad de estudiar, trabajar y estaban sometidas a la voluntad de sus esposos.

Pero con el paso del tiempo las mujeres han demostrado que pueden superarse profesionalmente y realizar las mismas tareas que hacen los hombres, sin descuidar su prioridad: cumplir con su rol de esposa y madre.

En la actualidad ya no se las considera el sexo débil ya que son capaces de cumplir a cabalidad las funciones que se les encomienda en sus lugares de trabajo al punto de sobresalir y por su buen desempeño ser designadas hasta jefas de hombres.

Aunque el machismo fue el principal factor que no permitía que las mujeres se desarrollaran intelectualmente, con el paso del tiempo, ciertos hombres han perdido el miedo de ser superados y han comprendido que necesitan el apoyo de su esposa para cubrir los gastos del hogar.

Al contrario de lo que se piensa, la mentalidad del hombre ha cambiado en las últimas décadas, según dicen algunas mujeres, quienes aseguran que sus parejas las han apoyado para que salgan adelante y triunfen en sus carreras.

Esa comprensión de parte de los esposos es una de las razones de por qué ahora las mujeres incursionan en todos los campos laborales: son policías, bomberas, arquitectas, vigilantes, choferes, entre otros empleos que tradicionalmente eran masculinos.

Según un estudio que realizó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC)  en diciembre de 2010,  el 33,4% de las mujeres ecuatorianas en edad de trabajar tienen empleo frente al 53,8% de hombres, siendo Guayas la provincia con mayor porcentaje de mujeres empleadas con 21,86%, seguida de Pichincha con 20,62%.

Del total de mujeres con empleo, el 8% son jefas de hogar y el 40,47% de ellas trabaja por cuenta propia. Mientras que el 3,4% de las mujeres estudia y trabaja.

En el campo de la educación, el 13,7% de las mujeres han terminado su carrera universitaria, el 0,5% hizo un posgrado y el 33,5% finalizó la secundaria.

Arquitecta y bombera

Adriana Mendoza, de 27 años, considera que tener la misma profesión de arquitecta y bombera voluntaria como su esposo Emilio Esteves, de 29 años, hace que su matrimonio sea estable y no existan incomprensiones.

Lbomberaa decisión de inscribirse en el curso de bombera voluntaria la tomó cuando era enamorada de Esteves, quien ya pertenecía a la institución; y por conocer que allí se debe hacer guardia un día a la semana, la apoya en el cuidado de sus hijos Emilio René (4) y Juan Diego (5 meses), los viernes desde las 21:00 hasta las 03:00.

Sin embargo, Adriana aclara que antes de irse a cumplir con su labor, deja a sus dos vástagos comidos, bañados y dormidos.

Mientras, de lunes a jueves trabaja desde las 09:00 hasta las 16:00 (horario por permiso de maternidad), como asistente de gerencia de Planificación en la urbanización Metrópolis.

Reconoce que ella también puede trabajar, porque cuenta con la ayuda de su mamá Ana Aragones, quien le cuida a los niños de lunes a viernes hasta que regrasa a casa.

Recuerda que en su segundo embarazo dejó de trabajar 135 días para que su hijo nazca sano.

Adriana Mendoza, quien tiene 8 años en el Benemérito Cuerpo de Bomberos de Guayaquil, confiesa que solo una vez  tuvo miedo de perder su vida, cuando colaboró en el  incendio en la Cartonera, ubicada en el km. 12,5 vía a Daule.

“Fue la única vez que pensé ¿qué hago en un incendio?, e inmediatamente se me vino a la mente mi hijo Emilio”, cuenta la suboficial de bomberos.

Aunque su esposo es comandante, la mujer asegura que no es machista, y que al contrario, siempre le dice que haga cursos para que ascienda; sin embargo, es su amor de madre lo que la detiene, porque desea compartir tiempo con sus hijos.

En algunas ocasiones, el pequeño Emilio ha tenido que presenciar un incendio.

“A veces hemos estado en la calle y nos han avisado que hay una emergencia. Nos toca llevarlo pero lo dejamos en el auto protegido”, cuenta luego de que Emilio escucha que una ambulancia pasa por su casa y se inquieta.

Su esposo asegura que no le molesta que ella trabaje. Ambos coinciden que deben darle un buen ejemplo a sus hijos y para exigirles que estudien, ellos tienen que prepararse intelectualmente.

Una policía y su familia

La teniente coronel Tania Varela, quien es la primera mujer en ocupar el cargo de jefa en la dependencia de Migración de la Policía Nacional, resalta que cuando se es organizada, sí se puede trabajar y estar pendiente de sus hijos al mismo tiempo.

Tania sostiene que siempre prioriza a su familia. Por eso su día empieza a las 05:30 para hacer el desayuno y llevárselo al dormitorio a sus tres vástagos: Víctor Hugo (18), Edwin Josué (14) y Elie Francisco (12). En cambio, a su llegada a casa, que a veces es a las 22:00, los ayuda en las tareas estudiantiles.

seo-policiaAsimismo, cuenta que lleva todos los días a su hijo mayor, quien estudia abogacía en la Universidad Católica.

“Trato de compartir cosas con ellos y estar a su lado cuando me necesitan”, dice la mujer policía. Y eso se evidenció el pasado martes cuando su hijo Edwin, quien es atleta, llegó a las 17:00 a su oficina a verla para que lo acompañe donde el doctor.

No obstante, acepta que a medida que ha sido ascendida en la institución donde tiene 26 años de servicio, le dedica calidad y no cantidad de tiempo a sus hijos.

Por eso, para que no estén varias horas sin su cuidado, les ha inculcado a que practiquen disciplinas deportivas, a la elección de ellos, como yudo y jiu-jitsu, de 18:00 a 20:00.

Sobre los logros que ella ha alcanzado en su trabajo, Tania Varela confiesa que su esposo, el mayor Edwin Noguera, jefe del Grupo de Intervención y Rescate (GIR), ha sido parte fundamental en su vida, porque la ha motivado a estudiar durante los 17 años que llevan casados.

Con una sonrisa, la oficial recuerda que se animó a hacer el curso de Estado Mayor, en 2007, en Quito, durante un año, para ser ascendida a teniente coronel, luego de que su esposo le dijo: “Haz nadado tanto para ahogarte en la orilla”.

Reconoce que fue una situación muy difícil para ella, porque su amor de madre la hacía dudar de alejarse de sus hijos para obtener un logro en su profesión.

“Siempre hice los cursos a distancia, era la primera vez que me tocaba viajar. Los llamaba todos los días y los viernes regresaba a Guayaquil y el domingo me iba en el último vuelo. Cada vez que mi  hijo Elie al despedirse lloraba, yo no quería viajar”, relata la teniente coronel, quien dice que su esposo se quedó al cuidado de “sus tres comandos”, como él llama a sus hijos.

Pese a que su esposo no es machista, Tania cree que en la Policía todavía hay hombres que no aceptan que una mujer esté a cargo de una jefatura.

“Mis hijos tampoco aprueban que yo sea policía, porque piensan que la institución les ha robado a la mamá. Mientras que están orgullosos de su papá”, relata la teniente coronel, tras decir que a ellos no les gusta ir a verla cuando está en los cuarteles.

Por eso, la oficial manifiesta que les enseña que tanto los hombres como las mujeres tienen las mismas oportunidades, pero que “nosotras hacemos doble trabajo: uno remunerado y el otro que realizamos por amor”.

Agrega que los 10 años que estuvo enfrente del área de  Violencia Intrafamiliar, en la Policía, aprendió que a los hijos no se les agrede físicamente, sino que se los corrige.

Una vigilante luchadora

El haber estudiado en la escuela y colegio de la Comisión de Tránsito del Guayas y que su padre sea vigilante por 27 años, fue lo que influyó en Yadira Merchán para que a los 19 años hiciera el curso para ingresar a la institución.

La subteniente, que pertenece a la segunda promoción, cuenta que como su esposo, el teniente José Navas, de 29 años, también trabaja en la entidad como rescatista, en Lomas de Sargentillo, no le hace problemas cuando sale tarde.

seo-vigilanteMerchán dice que ambos son organizados y dividen bien el tiempo para que su hijo José Navas (2) no sienta sus ausencias.

“Mi esposo viene tres veces a la semana y yo inmediatamente que salgo del trabajo lo voy a cuidar”, relata Yadira, tras decir  que puso a su hijo en el maternal.

La vigilante desde hace tres meses labora en Operaciones, de 08:00 a 17:30, a diferencia de cuando le toca estar en la calle, que debe cumplir turnos rotativos: de 05:30 a 14:00, de 13:30 a 22:00 y de 21:00 a 06:00. Las guardias son de 06:00 a 18:00 y de 18:00 a 06:00.

Yadira señala que gracias a su suegra, Isabel Romero, que la ayuda en el cuidado de su hijo, es que ella puede trabajar sin preocupaciones .

La subteniente confiesa que también por el apoyo de su esposo estudia a distancia abogacía (tercer ciclo) en la Católica.

“Él no es machista y quiere que me supere”, dice Yadira y revela que lo conoció en la institución.

Una mujer al volante

Cada vez que nuevos choferes tienen que hacer un curso para ingresar a trabajar en la terminal del Consorcio Metro-Bastión se sorprenden que sea una mujer la que los capacite.  

seo-metroviaEsa función la cumple Margot Aguirre -quien desde hace tres años maneja un bus articulado de la Metrovía- luego de terminar su jornada a las 14:00.

“Ponen una cara de susto cuando me ven ingresar al aula”, cuenta sonriente Aguirre.

Es que para ella no es nuevo conducir. Cuando vivía con sus padres en Ambato, los ayudaba en la fábrica de muebles manejando un camión para entregar los pedidos a provincias.

Pero hace 25 años que se casó con Milton Paredes, quien también es chofer, y se dedicó a la familia y solo conducía un auto.

Margot, a sus 45 años, siente que ha cumplido a cabalidad con su rol de madre, pues se encargó del cuidado de sus dos hijos hasta que terminaron el colegio.

Ahora vive una nueva etapa de su vida, al ser una profesional del volante. “Cuando aprobé el curso que duró tres meses mi hijo y mi esposo me felicitaron, mientras que mi hija al principio estaba un poco reacia a que trabajara como chofer”, relata Margot, quien en el primer año recibió de parte de la empresa una placa y un incentivo económico al ser escogida como la mejor conductora entre más de 300 choferes. 

Piensa que por no tener faltas, llegar puntual y no registrar accidentes, se ha ganado la consideración del gerente de operaciones, quien la designó para que capacitara a conductores de alimentadores (carros pequeños).

Aunque en la empresa sus compañeros no son machistas y la respetan, la mujer dice que hay otros choferes en la calle que al verla manejando una metrovía le han obstaculizado el paso.

“Hay un refrán que dice: ‘mujer al volante peligro constante’, pero cuando uno quiere hacer la diferencia, se puede. Por suerte tengo los nervios templados”, expresa Margot, quien reconoce que el primer día que manejó la metrovía le dolió todo el cuerpo; ahora, está acostumbrada.

 

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